Es lógico que uno se estresse en la oficina; los clientes que aprietan, el jefe que aprieta más todavía, los proveedores que no cumplen plazos, el típico compañero de empresa pelota que te saca de tus casillas… y todo esto se paga, pero nunca, nuuuuuuuunnnnnca, debemos llegar al extremo del hombre que sale en el vídeo. Buf, como para pedirle la hora…














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